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27 diciembre 2018

Por qué no puedo ir a todas las ciudades que quisiera

En el mundo hay muchas clases de músicos y de músicas. Cada cual elige su camino y el público decide sus gustos. Hay músicas pretendidamente para élites y músicas para el pueblo llano. Diferentes propuestas para diferentes situaciones vitales, sociales, etc… Yo, personalmente, hago música popular. El lugar donde nací y mis orígenes me marcaron indeleblemente. Nací en un barrio obrero y mis padres eran emigrados desde un campo pobre, a expensas de la mejor o peor conciencia de unos, por aquel entonces, llamados “señoritos”. Esa conciencia de clase, mejor o peor entendida, ha marcado mis pasos y supongo que ya es para siempre en mi caminar musical. De muy joven empecé a aficionarme por los grupos de música de peludos, hippies, disidentes y alternativos de la época. A mi manera yo estoy ahí y tomo mis decisiones respecto a ese sentimiento. Pienso en la gente. Y soy sincero. Cada gira, cada paso que doy para ponerme frente a personas aficionadas a la música pop o pop-rock, me lo pienso mucho. Me pongo en su lugar. He vivido siempre a pie de calle. Sé lo que cuesta el precio de las entradas porque yo también he ido a muchos conciertos y lo que he pagado lo he sacado del esfuerzo de mi trabajo siempre. Soy consciente de lo que cuesta llegar a final de mes a muchas personas en nuestro pretendidamente perfecto Occidente. Y aún gracias, en otros mundos la cosa no va por estos derroteros; hay otras necesidades y situaciones terribles.

Desde tiempos de El Último de la Fila ya sentía que era correcto, y a mi entender necesario, tocar en todas las capitales de provincia posibles y velar para el precio de las entradas fuera lo más asequible posible, tratando con corrección, en todos los sentidos, a los equipos humanos que nos acompañaban. Sigo en esas, no voy a cambiar. Me gustaría ir a tocar a todas las ciudades posibles; acudir, cual vendedor de biblias, puerta a puerta a tocar para todo el mundo que quiera oírme y que quizás no tenga los medios económicos para poder desplazarse a conciertos a otras ciudades más grandes. Cuando no es así, os prometo que lo he intentado. Claro que quisiera ir a Ibiza, a Menorca, a Lugo, a Orense o a Pontevedra. Ojalá pudiera. Pero también me gusta que el concierto sea todo lo mejor que puedo ofrecer y llevar un gran equipo de músicos, técnicos y equipos de sonido y luces de gran calidad, en aforos todavía más pequeños obligaría a poner unos precios de entradas muy altos con los que no me sentiría en absoluto cómodo. Llamadme tonto. Pero amigos, el que hace lo que puede no está obligado a más.

Y poco más, felices días para todos. Salud y ecología.

Manolo García

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